jueves, marzo 8

Comunicación, política y candidatos


Gobiernos, instituciones, personalidades, candidatos y aspirantes a posiciones en la burocracia estatal y privada, han convenido en comprender que sus pretensiones están íntimamente vinculadas a la comunicación.

Por eso, en el staff de los triunfadores está en primerísimo orden la dirección de Comunicación, en torno a la que se adhieren, en la práctica, las áreas de imagen, prensa, relaciones públicas y –a veces- ceremonial y protocolo.
Hay quienes entienden la diatriba, la boconería, el rumor y hasta lo infame como instrumentos de comunicación política. ¡Qué equivocados están! En última instancia, estas serían herramientas propias y adecuadas para campaña sucia, que por cierto, abunda mucho en oferta y ofertantes en estos tiempos.
Un buen plan de comunicación política tiene que empezar por disciplinar al candidato, hacer que tenga y lleve una agenda, que se organice, que lea resúmenes ejecutivos en vez de informes kilométricos escritos por dirigentes inorgánicos (aquellos de loas por aquí, loas por allá, loas por acá), y sobre todo, que tome decisiones.

En el staff de estrategia no debe faltar quien represente a Comunicación, pues sus opiniones –por necias que las consideren los políticos- generalmente derrumban lo que hasta los propios candidatos se creen a veces: que ellos lo saben todo.

Si el candidato posee una mente confusa y opaca, si transparenta inseguridad y doblez, no hay nada que Comunicación pueda hacer para cambiarlo. Si el candidato es imprudente y arrogante, no hay mago que lo transfigure en amante de la sencillez y la cordura.
Ahora es el tiempo de los telepronters, musicalización de los escenarios, tramoya y escenografía atractivas, pantallas planas gigantes para animar a las masas, discursos cortos pero de contenido, sonorizados e interactivos para dar la impresión de que se tiene el oído, la vista y la atención en el corazón del pueblo.

Y por cierto, debe estar en Comunicación el responsable de escribirlos. Hay que entender que para todo no funciona la rueda de prensa, que los boletines informativos para los medios deben ir bien redactados, periodísticamente, y que no funcionan los “bloofs”, personajes sin talento que “se venden” como expertos pero ignoran cómo se enciende una computadora, no manejan el Internet y hasta le tienen terror a los teclados.
Fuente:El Caribe
Leo Hernández es periodista y consultor de comunicación