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jueves, julio 5

Etiqueta y protocolo

Los buenos modales deben llevarse incluso cuando hablamos por teléfono. A continuación les doy una serie de consejos para no incurrir en errores a la hora de conversar vía telefónica.
Si usted es quien está llamando, jamás inicie el diálogo preguntando “¿Con quién hablo?”. Lo correcto es que la persona que llama se identifique.
Recuerde: para una conversación telefónica utilice las cuatro “C”. Hablar claro, concreto, cordial y conciso.
Demuestre seguridad mientras hable por teléfono, si quiere relacionarse exitosamente.
Su postura y su actitud son importantes, todo esto es “imagen”, existe una ventana por la que se le ve y se le siente. Cómo se sienta, cómo luce, si cambia de postura, qué hace, todo se refleja e implica lo que siente y cómo lo ven los demás.
Si por alguna razón tiene que dejar en espera a alguien, no deje caer el teléfono descuidadamente sobre una superficie dura.
La persona que llama es la que se despide primero y la que recibió la llamada espera a que así lo haga la otra.
En casa ajena no debe usar el teléfono sin pedirlo antes, aunque esté a la vista y desocupado.
Si debe hacer una llamada de larga distancia desde una casa que no es la suya, debe pedir a la operadora llamada con “tiempo y costo” y antes de retirarse, cancele la deuda.
Si llama a un número y le contestan que se ha equivocado, ofrezca excusas en lugar de colgar el teléfono.
Llame para comunicar lo que tenga que decir y despídase. Para eso es el teléfono.
No llame a la hora de las comidas, ni antes de las comidas, ni antes de las ocho de la mañana o después de las diez de la noche, salvo excepciones.
Cuando tome el teléfono y conteste sonría: la voz se torna agradable, acogedora y lo más importante esto se percibe.
La persona que llamó es la que debe volver a llamar si se interrumpe la llamada.
Si le responde el contestador automático no cuelgue asustado, sea directo en el mensaje y no se olvide de mencionar su nombre y su número de teléfono.
Recuerde las “palabras mágicas” en el teléfono “Por favor” y “Gracias”, y si comete una equivocación pida disculpas.
Aunque esté enojado, no cuelgue el teléfono. Resulta de pésimo gusto, además de demostrar que no se tiene autocontrol.
No escuche jamás por otro teléfono conversaciones ajenas.
La columnista es experta en Protocolo, Organización de Actos y Ceremonial. Avalada por el Consejo Superior de Comunicación y Relaciones Públicas de España y la Indiana University of Pennsylvania

Fuente:Las sociales

lunes, enero 29

La Scala exige corbata


En la Scala, espejo de la lírica y sobre todo escaparate de la sociedad milanesa, siempre se han cuidado mucho las formas. Ya escribió Stendhal a principios del XIX sobre las costumbres del famoso teatro que, «cuando una mujer se encuentra absolutamente privada de amante, es el marido el que le hace el favor de acompañarla». Eso porque lo normal era ir con la querida y lo sabía todo el mundo. Por no hablar de las comilonas y orgías que se montaban en los palcos, que cerraban sus cortinas si el espectáculo no interesaba.Además, el público milanés, tan exigente, siempre se destacó en el pasado por sus broncas y lluvias de hortalizas. Hasta el pobre Puccini vio cómo le imitaban rebuznos y ladridos cuando metió sonido de pajaritos en 'Madame Butterfly'. Bueno, pues ahora la Scala ha escrito en las entradas que «agradece el traje oscuro y siempre el traje y la corbata en las primeras representaciones», además de «vestimenta acorde con el decoro» en las demás sesiones.Lógicamente ha sonado como lo que parece: una prohibición a entrar sin corbata en la Scala, una norma de club social que no tiene precedentes en ningún otro gran teatro de ópera. Según el diario que desveló el veto, la dirección ha asegurado que no se echará a nadie, sino que se harán «discretos controles».


Después, naturalmente, se ha armado el consiguiente debate. A Darío Fo, voz iconoclasta y protestona de la ciudad, además de premio Nobel, le parece muy mal y discriminatorio. Otros muchos, en cambio, están encantados. Para qué engañarse, la verdad es que a casi nadie se le ocurría aparecer en la Scala sin ir de punta en blanco, porque es a lo que se va, sobre todo la noche de la 'prima', y se mira poco menos que como a un peligroso bolchevique al desgraciado que va vestido como al cine. Aunque como ha dicho el ex superintendente de la Scala, Carlo Fontana, «hasta Lenin hizo la revolución con chaqueta y corbata».


Tras el alboroto, el nuevo superintendente, Stephane Lissner, escribió ayer una carta explicativa a la prensa en la que simplemente define como «consejos» las indicaciones de vestuario. Asegura que existen «desde siempre» en la Scala y se han añadido a las entradas «para colmar una laguna de información». Las únicas normas, concluye, son «las del buen gusto».

Fuente:El Correo Digital

lunes, enero 15

Modas presidenciales


Daniel Ortega trajo consigo una renovada moda: camisa blanca, de preferencia, cuello chino. La nueva tónica es similar a la “moda Evo”, con la diferencia que la del diez de enero no es “made in Nicaragua”. Su imagen es el propio Ortega, y los primeros enloquecidos, con el drástico cambio de darle un adiós al saco, son sus funcionarios. La historia nos lleva a recordar los sacos con corbatín de Somoza; las guayaberas de la Revolución; las camisas a rayas en el gobierno de Violeta Chamorro y Antonio Lacayo; las camisas rojas y pantalones caquis de los correligionarios del PLC, además de los sacos; y la formalidad de saco y corbata con Bolaños.

“La soberbia estúpida de los pueblos civilizados”, como dijo el premio Nobel de literatura José Saramago, obliga a los gobernantes a apegarse a las normas de protocolo ya establecidas. Quien se atreve a romper estas reglas nada contra una peligrosa corriente cuyas rocas mediáticas son extremadamente nocivas.


El gobernante boliviano Evo Morales sabe bien de esto, pues recorrió una docena de países vestido siempre con su suéter de alpaca con rayas verdes, rojas y blancas recibiendo críticas de la prensa y de los consabidos protocolarios, pero sus paisanos y José Saramago salieron de inmediato a defenderlo. Entonces, la “moda Evo” se volvió más famosa que el mismo Evo, quien, lejos del protocolo oficial, “ofendió las buenas costumbres de la prensa española”. A Nicaragua vino vestido de camisa blanca sencilla, y en las posteriores apariciones lo hizo con camisa sport.Al parecer Daniel Ortega pretende seguir el rumbo de Morales, sólo que con su infaltable camisa blanca arremangada hasta los codos. En la sesión solemne en que Daniel Ortega recibió la banda presidencial, quedó institucionalizada la nueva moda. Quizás Ortega fue el único que tomó los consejos de su antecesor, Enrique Bolaños, de arremangarse las mangas de la camisa.Y no sólo eso.


La moda estuvo presente en el presidente hondureño, pasando por Evo Morales y Felipe Calderón, hasta llegar al presidente taiwanés. Los nuevos ministros, directores y presidentes ejecutivos de entes autónomos han corrido a comprar nuevas camisas de color blanco para no quedarse atrás.La guayabera de la Revolución“La guayabera representa los ideales de los años ochenta”, comentó un ciudadano en la calle.


No es desde ayer que se estila vestir guayaberas. En países cálidos como el nuestro es muy común que los señores usen guayaberas para asistir a actos formales. Se dice que la camisa, originaria de Cuba, con cuatro bolsas y dos franjas de pliegues verticales, es llamada de esa forma porque las bolsas eran usadas para llevar guayabas.Para el diseñador de imagen Henry Avilés, el Presidente debe adecuar su vestuario según la ocasión. “La moda es libre, pero el Presidente de la República tiene una imagen que cuidar”, considera Avilés.María Villanueva, estudiante de antropología de la UNAN-Managua, opina que el vestuario del Presidente es para “parecer menos burgués y más del proletariado”. Aun así, Avilés cree que ese tipo de vestuario es correcto utilizarlo en un acto público, pero nunca en la toma de posesión. “Con la banda bien pudo haber estado de saco, en la plaza bien le podría funcionar (usar la camisa blanca), con el pueblo sí, pero no en un acto oficial”, dice Avilés


Medidas expresas

Un día después de la toma de posesión, el ministro de Educación, Cultura y Deportes (MECD), Miguel de Castilla Urbina, revocó el acuerdo ministerial que obligaba a los directores de la sede central del MECD y de los centros educativos a usar camisa manga larga y corbata, y que prohibía que los varones usaran camiseta.“No se es burgués sólo por llevar un saco, ni se está con los pobres vistiendo así”, expresó una fuente diplomática que prefirió no ser identificada. La austeridad, agregó la misma fuente, no se predica con la vestimenta.El clima no es justificación para que el Presidente y su Gabinete de Gobierno vistan camisas o guayaberas, sostiene Avilés, no así distintos diseñadores de vestuario y de imagen, quienes consideran oportuno este tipo de vestuario porque nuestro país es tropical y porque aunque la guayabera no guste a todos, da un toque de distinción.


Las críticas

“Qué tristeza, estamos retrocediendo, hasta Samuel Santos, a quien yo consideraba un hombre nítido, se presentó de camisa manga larga a la toma de posesión. No sé si haya sido una imposición de parte de ellos (las autoridades superiores)”, dice Avilés.A juicio de Avilés, no seguir las reglas protocolarias da una mala impresión, porque “esa no es la imagen que debería tener un ministro ni un presidente”. Para muchos, vestir de traje, con camisa y corbata, pantalón y saco de un mismo color, es símbolo de “burguesía, de explotación”, sin embargo, diseñadores nicaragüenses sostienen que el traje es una vestimenta adecuada para que los funcionarios las usen en actos oficiales.


¿Sencillez, comodidad, cercanía...?Para el diseñador Vicente Castellón la forma de vestir del Presidente y de su gabinete es una forma de decir: “Aquí estamos, no somos diferentes a ustedes”. Además del calor, que es un argumento desaprobado por Avilés, Castellón considera que la camisa blanca de Ortega está bien porque no se le puede exigir saco y corbata a quien, con ideología de izquierda, “quiere estar en contacto con el pueblo”.Expertos en protocolo consideran que la pobreza no significa tener mal gusto o vestirse mal, ya que “desde el más humilde al más rico, debe saber vestirse adecuadamente”. Castellón cree lo contrario. “El presidente Ortega está mostrando su sencillez, y eso es correcto, lo incorrecto es que esto quiera imponérsele a los demás” como sucedió en el acto de traspaso de mando.Al menos muchos nicaragüenses se quitarán un peso de encima. El peso que les provoca el saco y el vestirse con atuendos ajenos a su cultura.


Diseñadores y presidentes

Ni siquiera el gorro tradicional de su pueblo que lleva siempre el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, ha llamado tanto la atención como el saco de líneas azules, blancas y rojas de Evo Morales, publica la revista colombiana Cambio este 13 de enero de 2007.También cuenta que “la familia boliviana Valda, dueña de la marca Punto Blanco, decidió sacar al mercado una línea de suéteres como los de Morales, hechos en fibra acrílica, por sólo diez dólares. “El jersey original no es ciento por ciento lana de alpaca, como se ha dicho”, aseguró Sergio Valda, Gerente de la firma.La revista también afirma que Evo Morales es una excepción en materia de moda masculina en este lado del mundo, pues en general, jefes de gobierno usan vestidos de excelente corte en tonos neutros y elegantes, y tradicionales corbatas de seda -–hasta Vicente Fox cabe dentro del patrón, a pesar de sus infaltables botas tejanas–-


Los contrastes

Agrega Cambio que la administración de Ronald Reagan –-para no hablar de la ya legendaria de John Kennedy y la elegante Jacqueline, que impuso su estilo en el mundo entero-– tuvo algunos momentos tormentosos por la elegancia de la primera dama, Nancy, cuestionada en varias oportunidades porque no devolvía los vestidos que le prestaban los grandes diseñadores para que luciera en las grandes ocasiones. Tampoco el porte y la elegancia en el vestir de Raisa Gorbachov, que de alguna manera representaban la perestroika, escaparon a los comentarios mordaces de sus compatriotas, acostumbrados como estaban a las esposas anodinas, regordetas y poco “glamurosas” de los líderes de la vieja Unión Soviética.Los sastres, precisamente, son las prendas que no pueden faltar en la moda presidencial femenina, moda que han seguido al pie de la letra desde Lady Jonhson y Bárbara Bush, hasta Hillary Clinton y Laura Bush, y desde las que fueran presidentas de Nicaragua y Panamá, Violeta Chamorro y Mireya Moscoso, hasta la nueva canciller de Alemania, Ángela Merkel, y la recién elegida presidenta de Chile, Michelle Bachelet.“Bachelet ha mezclado sus clásicos y estructurados trajes sastre, estilo militar, con juegos de collares y aros, preferentemente de connotación autóctona, una estética muy del gusto de la izquierda, sintetizando la posibilidad del reencuentro entre dos mundos que por décadas han estado irremediablemente distanciados”.

Fuente:El Nuevo Diario