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lunes, diciembre 1

Mujer, profesional y comunicadora

Una de las diferencias existentes entre entre un “profesional hombre” y una “profesional” mujer es su confianza en la propia imagen.

Muchas mujeres confiesan que a menudo se sienten inseguras, especialmente si su interlocutor/público es masculino: No estoy segura de la percepción que tendrán de mí. Por mucho que me esfuerce, siempre tengo miedo de que no me vean lo suficiente profesional, de que me tomen por una niña, por una pánfila o por una tía buena y basta.

Los hombres pueden estar inseguros de muchas cosas, pero no dudan de su imagen. Desempeñan el rol para el que han sido educados y, claro, esto no les crea ninguna contradicción.

En las presentaciones, donde la inseguridad y los miedos son generalizados, ellos se preocupan por si el mensaje llegará claramente y, como mucho, por si el público se aburre. Se centran en transmitir el mensaje.

Ellas -las comerciales, las directivas, las científicas- también se preocupan por esto. Y por muchas más cosas: ¿Qué pensarán de mí? ¿Me harán caso? ¿Me escucharán? ¿Cómo demostraré mis conocimientos? ¿Querrán vacilarme?

A pesar de que, según todos los estudios, las mujeres tenemos más capacidad para las relaciones y para la expresión verbal, a menudo somos las que más sufrimos cuando hablamos en público.

Unos días atrás, durante un curso a veterinarios inspectores de sanidad, una profesional preparada, intuitiva, inteligente, manifestó su pánico a la hora de levantarse y dirigirse a sus compañeros de curso, un público amigable y comprensivo. Empezamos a hablar del tema de los nervios y del miedo. Les pedí a todos que pensaran qué experiencias habían marcado desde la infancia su capacidad de expresión en público. La veterinaria de la que os hablo, como si hubiese esperado toda la vida para darse cuenta de ello o denunciarlo, espetó de repente: Yo era la pequeña de cinco hermanos varones y siempre que hablaba me decían: “Calla, mono, ¿tú que vas a decir?”.

La veterinaria es víctima de la paradoja que han vivido y viven la mayoría de las mujeres profesionales. Han podido disfrutar de una formación universitaria que les ha conducido a un terreno de igualdad aparente, pero la educación en casa ha seguido las inercias de una estructura y unos valores muy tradicionales. Una vez en la jungla empresarial, pueden competir en conocimientos y habilidades, pero arrastran el lastre inconsciente de un rol secundario y más bien decorativo o servicial, sometido a la preeminencia masculina de padres y hermanos.

Cuando una profesional de hoy explora y reconoce los orígenes de sus temores, es cuando puede desplegar de verdad todas las habilidades retenidas por el miedo a ser demasiado visible, a tener opinión y criterio propios o a tener más éxito que sus compañeros.

Fuente:Blog de Teresa Baró

martes, julio 17

Comunicar mal o no comunicar merma la capacidad competitiva de las empresas

El 93 % de las empresas españolas considera que comunicar mal o no comunicar merma su capacidad competitiva, según un estudio realizado por la Universidad de Santiago de Compostela y la consultora de comunicación Torres y Carrera. El estudio, para cuya elaboración se contactó con 50 empresas y 50 periodistas, ha sido presentado por el director general de esta consultora, Xurxo Torres, y por el profesor de Economía de la Universidad de Vigo, José Carlos Orge, quien manifestó que el informe recoge que nueve de cada diez empresas consultadas tienen Departamento de Comunicación propio, de los que el 41 % está integrado por cuatro o más personas. La dirección de este departamento, agregó Orge, corresponde al director de comunicación en el 53 % de los casos, seguido del director de Marketing (11 %), el director de Relaciones Externas (7 %) y el director de Recursos Humanos (7 %). Asimismo, indicó que del total de la muestra, el 60 % de las empresas contratan, aunque sea de manera ocasional, agencias de comunicación externas que les sirven de apoyo en momentos puntuales.
Además, las compañías utilizan la contratación externa de empresas de publicidad en este mismo porcentaje. La herramienta más utilizada por parte de las compañías en sus relaciones con los medios es la nota de prensa, que en una escala de 0 a 10 las empresas dicen utilizarla un 9,5, seguido de la entrevista y de la gestión de reportajes, que sacan 7 de nota media. A continuación, las siguientes herramientas de comunicación más utilizadas son los almuerzos (6) y las ruedas de prensa (5,5). Por su parte, Torres señaló que el instrumento de comunicación que más valoran los periodistas es la entrevista personal (8,6), seguido de la declaración telefónica (7,5), la rueda de prensa (7,1) y la nota de prensa (6). "Al periodista le interesa el acceso más directo a la fuente", manifestó Torres, quien a continuación añadió que "la nota de prensa es una herramienta muy cómoda, que minimiza riesgos, pero los periodistas las consideran muy publicitarias y poco informativas. Y más aún, que ocultan información en ellas". Además, los periodistas valoran con una nota de 5,3 la comunicación de las empresas, siendo más estimada que la de las Administraciones (5) y la de las Universidades (4,9). Finalmente, el 97 % de los periodistas encuestados ve cierta relación entre comunicación y competitividad.
Fuente:DIRCOM

martes, junio 19

Un libro de estilo ayudará a los diputados de la Asamblea de Madrid a hacer más atractivos sus discursos

El Grupo de Análisis del Discurso Político y Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos ofrece en su "Manual de Retórica Parlamentaria" diversos consejos sobre cómo hablar en público y cómo escribir sus intervenciones dirigido a los diputados de la Asamblea de Madrid.
La nueva legislatura autonómica arrancará dentro de unos días y, tanto los parlamentarios veteranos como los noveles van a disponer de una herramienta más para perfeccionar sus intervenciones. Este grupo acaba de entregar a la institución madrileña el Manual que no es sino una guía que explica a los diputados regionales cómo hacer sus discursos para que resulten más atractivos. El manual es fruto de un convenio entre la Universidad y la Asamblea para impulsar la investigación, el estudio y el asesoramiento sobre cuestiones de carácter jurídico político.
Los autores de este libro de estilo aseguran que, salvo contadas excepciones como el Debate sobre el Estado de la Región, el día a día de la Cámara parlamentaria suscita poco interés mediático y ciudadano. Fernando Vilches, responsable del manual, considera que esto se debe a que los diputados utilizan un lenguaje demasiado técnico, desconocen los temas en profundidad y el formato de los debates es poco ágil. Para solventar estas dificultades, el texto establece las normas que han de seguir los parlamentarios desde dos puntos de vista: cómo deben construir sus discursos y cómo deben utilizar el lenguaje.
En cuanto al contenido de las exposiciones, la guía enseña a los diputados a exponer con claridad sus ideas para sintonizar al máximo con el auditorio. Con respecto a la puesta en escena, los investigadores llaman la atención sobre la importancia de aspectos como hablar despacio, y pronunciar correctamente y con la fuerza suficiente para que lo que se diga resulte creíble. Además, el manual hace un compendio con ejemplos reales de los errores más frecuentes de pronunciación (por ejemplo, no pronunciar la "d" final), morfológicos (el laísmo), sintáctico (el abuso de frases impersonales) y léxico-semántico (utilización de anglicismos).
También se analizan diferentes discursos reales pronunciados en la Asamblea durante los debates de investidura, comparecencias de miembros del Consejo ante la Cámara autonómica y una pregunta de respuesta oral en pleno.
Fuente:DIRCOM

viernes, mayo 25

Las buenas maneras

Conversamos con un doctor en Protocolo sobre la imagen pública de los candidatos
¿Se ha comprado un político y teme llevarle a una fiesta o un acto público por miedo a que le deje mal? La solución es ponerle un profe de buenos modales, al estilo de Audrey Hepburn en ‘My fair lady’. Lo más parecido en la vida real es un asesor de imagen, que según me cuentan los candidatos, no son una figura habitual en tierras murcianas, o bien acudir a Salvador Hernández Martínez, director de la Escuela de Protocolo de la Universidad Católica.

Me inclino por lo segundo –en parte porque lo del asesor suena a publicidad pura y dura mientras que con el protocolo uno imagina más ‘glamour’– y acudo al antiguo monasterio con un buen puñado de preguntas en la mochila.Al parecer, lo más importante en un político, en cuanto a la imagen se refiere, es que dé la impresión de natural. El problema es que esto se consigue sobre todo con experiencia, así que si no la tienes –es decir, si eres ‘el de la oposición’– tienes crudo lograr desbancar con tu poco entrenada naturalidad al político bien establecido en su cargo.Salvador me recuerda el caso de Jose Mari Aznar, que para toda la nación era, cuando comenzó, el hombre con menos carisma del planeta, un pobre paria sin un admirador que llevarse a la boca, y acabó siendo –todavía hoy lo es– un ídolo de multitudes, en la onda de Federico Jiménez Losantos. El doctor me dice que fue acertado que se distanciara de la gomina y que le quitaran pelo del bigote.El caso ‘Ansar’ venía a cuento de que no hay nada como la experiencia para hacer las cosas bien, y Salvador lo aplica a la ventaja que a su parecer le saca Ramón Luis Valcárcel a Pedro Saura en las comparecencias públicas.Al profesor no le gusta la sonrisa de Saura –en esto no debe de ser el único– , por forzada, y le daría unos cuantos consejos en cuanto al lenguaje corporal, ya que según cuenta “de lo que se comunica en una interacción pública, entre el 70 y el 80% es comunicación no verbal”.


Así, explica que “debería evitar gestos que realiza muy repetitivos y muy paralelos con las manos, a veces incluso por encima de la cabeza”. El truco está en colocar las manos en la zona del tronco, entre el cuello y la cintura, porque si están por encima de los hombros se pueden creer que quieres pegar a alguien o que avisas de un cataclismo que está al caer, y si están por debajo de la cintura es un poco ‘qué pasa, tronco’, de pasota total. De esta forma, hay que hacer movimientos con una mano, y si es con los dos, que no sean siempre iguales.


La variedad siempre es un punto, ya saben.Cuando un político habla, dicen los expertos, aún más importante que lo que dice es cómo lo dice, en buena parte porque al final, las disfracen de derechas o de izquierdas, las ideas expuestas no son muy diferentes, las pobres.Así las cosas, es primordial utilizar la entonación adecuada, y lo mismo pasa con la velocidad: quien habla precipitadamente, muy deprisa, “transmite incompetencia, que tienen ganas de terminar o que no controla lo que está diciendo”. Pero tampoco es recomendable –esto lo digo yo– un tipo excesivamente lento, pausado y teatral. Imaginen un rato a Quintero dando mitines.De Valcárcel le llama la atención que no se haya teñido el pelo, cosa que al parecer sí hacen la mayoría de los políticos, con su líder del partido, Rajoy, al frente.


No me lo cuenta como algo ni bueno ni malo: simplemente al ‘presi’ no le da por taparse las canas y ya está, no tiene más historia.“Hay muchos políticos que dicen: ‘A mí el protocolo no me interesa, soy muy poco protocolario’, pero luego son los primeros que te exigen dónde tienen que ir sentados”, cuenta el docente, que asegura que no se trata de unas normas que contemplen más los partidos de derechas. El protocolo tampoco entiende de signos políticos, y mejor así.

Fuente:El Faro de Murcia