jueves, enero 10

Diplomacia municipal


Tras recorrer los mares a bordo de cruceros y trabajar en la isla de Borneo, Rafael Illa eligió vivir en Málaga, donde está al frente del Protocolo del Ayuntamiento de Málaga desde hace 20 años.

ALFONSO VÁZQUEZ Rafael Illa ha llevado una vida que al escritor Joseph Conrad le hubiera gustado relatar. Para empezar, tuvo la suerte de nacer en Lisboa (este martes cumple 56) y vivir allí hasta los 12 años. "Mi padre era secretario general de la embajada comercial de España, mi abuelo ya vivía en Lisboa porque fabricaba silos y supongo que le dio la idea a mi padre de ir allí", comenta. En Lisboa tuvo una infancia tranquila, aprendiendo el perfecto portugués que habla, en la calle y no en la escuela, pues estudia en el Instituto Español, con hijos de empresarios y diplomáticos españoles. De pequeño le llegaban los ecos de las guerras coloniales en Angola y Mozambique, así como de la dictadura de Salazar. "Mi abuelo me contaba que había que pedir licencia hasta para encender un mechero", destaca. Con 12 años, por circunstancias familiares marcha a Madrid e inicia los estudios en el Instituto Ramiro de Maetzu. "El cambio fue difícil: paisaje nuevo, amigos nuevos... pero también tenía cierta atracción por la novedad". Ya entonces, Rafael Illa se revela como un adolescente emprendendor y curioso. "Con esa edad quería ser director de cine, hacía ´pellas´ y me iba a cines de barrio a ver cuatro veces la misma película, además me apasionaba el fútbol, leía bastante y tenía mucha curiosidad por todo".
El Ramiro de Maetzu le brinda la oportunidad de colaborar en un periódico y empieza a despuntar su vena ´informativa´ que culminaría, años después, con la carrera de Periodismo y prácticas en un recién nacido diario ´El País´. A Inglaterra y Borneo. Pero antes, probó fortuna en Derecho, hasta que el catedrático de Derecho Romano le comentó que ´no era lo suyo´, atento como estaba a la escuela de cinematografía, en la que realizó varios cortos y a la vida cultural madrileña, más atrayente entonces que la ´usucapio´ o los cónsules romanos. Tras la mili, un primo le aconseja marchar a Inglaterra y empieza a trabajar en Liverpool en una multinacional de importación de materias primas del Este Asiático. El trabajo le lleva a trabajar dos años en la exótica isla de Borneo y mientras, realiza un curso de técnico filosanitario, "para conocer las patologías de las maderas", explica En 1975 se casa, llegan dos hijos y para Rafael Illa comienza el tiempo de ´centrarse´, trabajando en una empresa de cruceros, organizando excursiones y 8 ó 9 años más tarde, cambia los mares por la tierra firme en el departamento de congresos de El Corte Inglés, lo que le permitirá viajar por todo el mundo. Precisamente, su destino cambiará para siempre en Aukland, Nueva Zelanda. Allí asiste a un congreso mundial de enfermería en el que se decidía la candidatura de Málaga como sede de la siguiente cita. Rafael Illa será presentado por el embajador español en Nueva Zelanda como "una perla", a dos concejales malagueños, por la eficiencia en su trabajo. Los concejales le ofrecen la posibilidad de trabajar en la Alcaldía de Málaga, algo que se hace realidad meses más tarde, tras una entrevista con el alcalde Pedro Aparicio. Era el año 1987. "Entré como cargo de confianza y tres o cuatro años más tarde hice la oposición", cuenta Rafael Illa, quien resalta que eligió Málaga "por la calidad extraordinaria de vida". Confiesa que le gustaría jubilarse aquí y que su mente siempre estará joven y en forma, abierta a las novedades. Estos días navideños descansa junto al mar, tras un año muy ajetreado, disfrutando con la lectura de uno de los viajes de Darwin, un hombre curioso y viajero, como este profesional del Protocolo de sonrisa amplia y sincera.

Un espacio que es necesario ordenar y un manual práctico sobre el Protocolo Cierto embajador aseguró con tino que el jefe de Protocolo era "el administrador de vanidades ajenas". Rafael Illa recuerda que esta ´administración´ es un arte milenario sujeto a reglas. "Un acto es como una obra de teatro, no en sentido peyorativo, y hay que ordenar un espacio: eso es lo delicado de este trabajo". El jefe de Protocolo confiesa que su ocupación "agota mucho" pero también le apasiona. Lo que más le entristece en su profesión es toparse con un interlocutor poco comprensivo con el Protocolo. No es el caso del actual alcalde de Málaga.
Rafael Illa explica que Francisco de la Torre es una persona "que entiende esta educación reglada y apoya mi trabajo". Los 20 años de Rafael Illa al frente del Protocolo del Ayuntamiento se verán reflejados en unas memorias, que ya está escribiendo, y que Rafael quiere que sean un manual práctico sobre el Protocolo y el ceremonial. La diplomacia municipal es un arte y Rafael Illa, el maestro artesano.